Luego de más de 50 años sin una intervención integral, la Catedral Nueva de Cuenca atraviesa un proceso de restauración que busca preservar su estructura y garantizar su conservación a largo plazo. Los trabajos, que cumplen tres meses desde su inicio, avanzan con el objetivo de concluir a mediados de 2025.
La Arquidiócesis de Cuenca tomó la decisión de emprender esta restauración para subsanar los daños acumulados tanto en el interior como en el exterior del templo, inaugurado en 1967. Anteriormente, en 2017, solo se realizó un mantenimiento puntual en las cúpulas. En esta ocasión, el proyecto cuenta con una inversión superior a los 250.000 dólares, financiados por la Curia con el apoyo de los fieles.
Un trabajo meticuloso
Las labores de restauración comenzaron en noviembre pasado bajo la dirección de un equipo de expertos en arquitectura y patrimonio. El proceso es minucioso y se centra en la limpieza y refacción del templo, con especial atención a la impermeabilización de la estructura debido a fisuras provocadas por el paso del tiempo y movimientos telúricos.
“La Catedral Nueva debe ser un templo digno, bien cuidado y seguro para la comunidad católica. Priorizamos labores como la impermeabilización porque, debido al transcurso de los años y los sismos, han aparecido ciertas fisuras”, explicó monseñor Marcos Pérez, arzobispo de Cuenca.
Las intervenciones abarcan las fachadas en las calles Benigno Malo, Padre Aguirre, Mariscal Sucre y Santa Ana, así como las torres y cúpulas. En el interior, los trabajos incluyen la restauración de vitrales y otras áreas de la iglesia. Según monseñor Pérez, las obras se ejecutan por tramos para no afectar el normal desarrollo de las celebraciones eucarísticas ni la afluencia de visitantes.
Factores de deterioro y la importancia del mantenimiento
La Catedral Nueva, al igual que otras iglesias patrimoniales de Cuenca, enfrenta daños estructurales por diversos factores. La restauradora Ruth Ordóñez, con 25 años de trayectoria, explica que los sismos y la vibración causada por el tráfico vehicular son los principales responsables del deterioro de la estructura.
Por otro lado, la falta de mantenimiento, la filtración de agua, la contaminación, el envejecimiento de los materiales, la presencia de insectos y plagas, así como los cambios climáticos y la humedad, afectan al inmueble. Ordóñez advierte que las filtraciones de agua son una de las mayores amenazas para los bienes patrimoniales, ya que aceleran su deterioro. “Es fundamental que los techos y cubiertas estén en óptimas condiciones para evitar daños mayores”, señala.
Un ícono turístico en restauración
La Catedral de la Inmaculada Concepción, conocida como la Catedral Nueva, es uno de los principales atractivos turísticos de Cuenca. Su imponente arquitectura, que combina estilos románico, gótico y renacentista, la convierte en un referente de la ciudad.
Los turistas que la visitan, tanto nacionales como extranjeros, han recibido con agrado la noticia de su restauración. Muchos acuden no solo para participar en las celebraciones religiosas, sino también para conocer su interior, recorrer sus criptas y subir a la terraza, desde donde se obtiene una vista panorámica del Parque Calderón y sus alrededores.
Gabriela Bonilla, visitante frecuente de la Catedral Nueva procedente de Machala, considera que estas intervenciones deben realizarse con mayor regularidad. “Cada vez que vengo a Cuenca por trabajo o turismo, no dejo de visitar la Catedral. Espero que estos mantenimientos sean más frecuentes para conservar este hermoso templo”, comenta.
La importancia de la Catedral Nueva en el patrimonio de Cuenca y su atractivo turístico hacen que su conservación sea una prioridad. Mientras avanzan los trabajos, la expectativa de la comunidad es que el templo siga siendo un símbolo de la ciudad y un legado para futuras generaciones.
Historia y legado arquitectónico
La Catedral Nueva comenzó su construcción en 1885 y fue inaugurada en 1967. Sin embargo, la edificación quedó inconclusa, pues aún faltan algunas torres que estaban previstas en el diseño original.
Monseñor Marcos Pérez recordó que la planificación del templo incorporó elementos de tres corrientes arquitectónicas: románica, gótica y renacentista, lo que le otorga un carácter único en la región.
Por su parte, la restauradora Ruth Ordóñez enfatiza la necesidad de contar con proyectos de conservación curativa en todas las iglesias patrimoniales. “En muchos templos, el mantenimiento se realiza de forma empírica, lo que pone en riesgo su integridad. Es fundamental aplicar criterios técnicos para garantizar su preservación a largo plazo”, concluye.
Con esta restauración, la Catedral Nueva de Cuenca no solo recuperará su esplendor, sino que reforzará su papel como un referente religioso, cultural y turístico de la ciudad.







Sé el primero en comentar