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Mission: Impossible – The Final Reckoning

Hay algo admirable —casi quijotesco— en la forma en que Tom Cruise y Christopher McQuarrie insisten en preservar una forma de hacer cine que muchos ya han dado por extinta. Mission: Impossible – The Final Reckoning, vista por primera vez en Cannes 2025, no solo es una película de acción: es un monumento a la resistencia física, emocional y cinematográfica de una saga que ha evolucionado sin traicionar sus principios.

Aunque el título insinúa un final, ni Cruise ni su director confirman de manera tajante si esta será la última misión de Ethan Hunt. De hecho, la ambigüedad es parte del discurso. La cinta abre con un montaje nostálgico de momentos icónicos de toda la franquicia —como un homenaje fílmico a la leyenda en vida— y de inmediato se plantea la gran pregunta: ¿hasta cuándo puede resistir Ethan Hunt… y hasta cuándo puede resistir Tom Cruise?

La historia arranca justo después de Dead Reckoning: Part One, aunque evita nombrarla directamente. La amenaza, esta vez, es “La Entidad”: una inteligencia artificial que ha invadido redes gubernamentales y alterado la percepción misma de la realidad. No es solo una villanía moderna: es una encarnación de nuestros miedos tecnológicos más urgentes. La IA no dispara misiles, sino verdades alternativas. No asesina, pero manipula. Y en ese terreno incierto, el último bastión humano parece ser, una vez más, Ethan Hunt.

Cruise, que se lanza al vacío sin dobles y sin red, sigue siendo el alma física de una saga que convierte el cuerpo en narrativa. La acción es incesante y a menudo vertiginosa. Cada secuencia parece diseñada para ser el clímax, como si temieran no llegar al siguiente. Desde inmersiones submarinas hasta maniobras aéreas suicidas, The Final Reckoning se consume en su urgencia. A veces, literalmente, no da respiro.

El guion, coescrito por McQuarrie y Erik Jendresen, es uno de los puntos más discutidos. Repleto de exposición y con personajes que se sientan en círculo a repartir información clave como si fueran cartas de póker, el relato se resiente por momentos bajo el peso de sus propias ambiciones. Y, sin embargo, cada vez que el exceso amenaza con saturar, llega una escena de acción que reubica todo en su lugar. Porque en esta saga, las palabras son accesorias: el verdadero lenguaje es la física.

Una secuencia destacada —muda casi por completo— muestra a Ethan descendiendo hacia un submarino en busca del código que podría salvar al mundo. Es cine puro: montaje, música y edición al servicio del vértigo. En pantalla IMAX, la experiencia no es solo visual, es visceral.

La película también juega a la reconfiguración emocional. Conecta narrativamente con casi toda la franquicia, en una suerte de “retcon” que emocionará a los fans más devotos, pero que puede parecer forzado al espectador casual. Como ha señalado IndieWire, The Final Reckoning es a ratos “demasiado inteligente para su propio bien”.

El sentimentalismo, por su parte, no siempre logra aterrizar. Hay una insistencia casi discursiva en mostrarnos a Ethan como un hombre afectado por sus decisiones, pero Cruise, eterno ícono, no transmite emociones comunes. Su magnetismo es indiscutible, pero también es frío. Cuesta empatizar con una figura que parece más mito que hombre.

El elenco, sin embargo, es otro punto fuerte. A los habituales Simon Pegg, Ving Rhames y Rebecca Ferguson se suman Hayley Atwell, Angela Bassett, Nick Offerman, Mark Gatiss, Tramell Tillman, Hannah Waddingham y una vibrante Katy O’Brien. Cada uno aporta su grano de arena, aunque la dispersión de líneas narrativas debilita el foco central. A fin de cuentas, la historia siempre regresa a Ethan como único salvador posible.

Entre los momentos que brillan están las interacciones entre Cruise y Tillman, que recuperan cierta electricidad de los primeros Mission: Impossible, así como la presencia magnética y no binaria de O’Brien, que introduce una posible dinámica de relevo generacional que la franquicia aún no se atreve a explorar del todo.

La dirección de McQuarrie evita caer en la autoparodia, incluso cuando la película roza lo inverosímil. La edición de Eddie Hamilton sostiene el ritmo frenético, a veces en exceso, y el score de Max Aruj y Alfie Godfrey funciona sin terminar de elevar del todo los momentos dramáticos.

Las escenas de acción siguen siendo gloriosas, aunque algunas —como Cruise colgando de una cuerda sobre un tren en movimiento— ya no sorprenden como antes. Pero la maestría está en cómo la película evita el desgaste: The Final Reckoning sabe que la fórmula es conocida, pero la ejecuta con tal convicción que resulta imposible no dejarse arrastrar.

Casi treinta años después de que Brian De Palma iniciara esta saga, Tom Cruise no es solo su protagonista: es su emblema. The Final Reckoning no ofrece una introspección sobre el alma de Ethan Hunt, pero sí nos da un retrato sincero del cuerpo —y del riesgo— de su actor.

Si este es el final, es uno digno. No por su coherencia narrativa, que es debatible, ni por su profundidad emocional, que es limitada. Es digno porque abraza con honestidad lo que es: un espectáculo que se lanza al vacío con la esperanza de que alguien, en algún lugar, siga mirando.

Y ese, quizás, es el verdadero pacto imposible.

Mission: Impossible – The Final Reckoning
Estreno mundial: 23 de mayo de 2025
Paramount Pictures
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Trailer oficial

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