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El Malecón de Guayaquil se transforma en una galería al aire libre con 20 murales por los 491 años de la ciudad

La explanada de La Rotonda, en el Malecón 2000, se convirtió este miércoles 22 de julio en una gran galería de arte al aire libre con la inauguración de “El corazón de Guayaquil”, una exposición gratuita que reúne 20 murales creados por 25 artistas para rendir homenaje a la historia, los paisajes, los símbolos y la identidad de la ciudad, en el marco de las celebraciones por los 491 años de fundación de Guayaquil.

El acto inaugural contó con la presencia de la concejala Juanita Montero Pinargote, el gerente general de la Fundación Malecón 2000, Víctor Manuel Mieles Cabal, además de autoridades locales, artistas e invitados especiales.

Arte, música y tradición en el Malecón

La jornada incluyó un programa cultural que combinó música, danza y tradición guayaquileña.

Las bailarinas del Centro Artístico Yesenea Mendoza presentaron un extracto de “Entre pasillos y recuerdos”, un homenaje al recordado cantante Julio Jaramillo. También participó el Pelotón Comando de la Academia Naval Guayaquil, mientras que los artistas Muz y Jennifer Vélez ofrecieron un espectáculo musical para el público asistente.

Murales inspirados en el alma de Guayaquil

La exposición reúne el trabajo de los integrantes del colectivo “La Piel se Viste de Color”, liderado por el artista plástico Marco Martínez.

Cada mural mide 3,60 metros de alto por 3 metros de ancho y propone distintas miradas sobre elementos profundamente ligados a la ciudad, como:

  • el río Guayas,
  • la familia,
  • la naturaleza,
  • la diversidad cultural,
  • y los recuerdos que han acompañado a varias generaciones de guayaquileños.

Las obras estarán expuestas de manera gratuita en el Malecón, permitiendo que residentes y turistas recorran la muestra como parte de las festividades julianas.

“El arte repara el tejido social”

Durante su intervención, Marco Martínez destacó el papel del arte como una herramienta de transformación social y recuperación de los espacios públicos.

“El arte repara el tejido social de Guayaquil, al devolver la voz y la esperanza a las comunidades que han sufrido por la violencia y el olvido”, expresó.

El artista señaló que las actividades culturales tienen la capacidad de cambiar la percepción de los barrios y convertir lugares marcados por el miedo en espacios de encuentro y convivencia.

“Pintar un mural, abrir un taller de teatro, encender un parlante, cambia la energía de un sector. Estas actividades rescatan los espacios públicos del miedo, transformando espacios antes peligrosos en puntos de encuentro, color y vida”, afirmó.

Una oportunidad para niños y jóvenes

Martínez también resaltó la importancia del acceso al arte para las nuevas generaciones.

“Cuando un niño guayaquileño sostiene un pincel, un instrumento musical o escribe una canción, descubre un canal poderoso para expresar sus dolores, sueños y esperanzas”, manifestó.

A su juicio, la cultura ofrece un sentido de pertenencia y puede convertirse en una alternativa frente a los entornos de violencia que afectan a muchos sectores de la ciudad.

El arte como memoria colectiva

El líder del colectivo sostuvo además que la creación artística fortalece la convivencia y ayuda a sanar heridas sociales.

“Al unirse para plasmar una obra, los guayaquileños vuelven a mirarse a los ojos y a trabajar en equipo. El arte cura un trauma colectivo, conectando las historias individuales y demostrando que el dolor compartido se alivia cuando se transforma en belleza y memoria”, señaló.

Finalmente, aseguró que apoyar la cultura es una forma de proyectar un Guayaquil resiliente y orgulloso de su identidad.

“La verdadera riqueza de Guayaquil no está en sus muros de cemento, sino en la inagotable creatividad y la fuerza de su gente”, concluyó.

Escalinatas, orquídeas y atardeceres guayaquileños

Entre las obras más representativas de la muestra se encuentra el mural realizado por Julio Salazar y Yamil Molina, que incorpora las escalinatas de Las Peñas, el Reloj Público, el papagayo, la bandera y los característicos atardeceres de Guayaquil.

La artista Rosa Armijos plasmó una orquídea endémica, el cerro, familias recorriendo el Malecón, un colibrí y un arcoíris, como símbolos de la identidad y el colorido de la ciudad.

Por su parte, Alberto Apolinario dedicó su obra al Monumento a la Independencia, acompañado por elementos de la flora, la fauna y la bandera de Guayaquil.

Con esta exposición, el Malecón 2000 se convierte temporalmente en un gran corredor cultural que celebra la memoria, la diversidad y el orgullo de una ciudad que se prepara para conmemorar sus 491 años de fundación con arte, música y participación ciudadana.

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