A escasas semanas del cambio de mando presidencial, el país se asoma a un período marcado por profundas tensiones estructurales. Quien asuma el timón del Ejecutivo el próximo 24 de mayo enfrentará un país convulsionado, donde los desafíos superan con creces las expectativas. La inseguridad se ha convertido en el mayor temor ciudadano, la economía sigue estancada, la deuda con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) amenaza con desbordarse, y el Congreso, fracturado, augura una gobernabilidad incierta.
Inseguridad sin tregua: un Estado que perdió el control
La principal preocupación de los ecuatorianos es, sin duda, la violencia desbordada. En varias provincias del país, grupos delictivos operan con total impunidad, controlando zonas enteras donde el Estado ha perdido presencia.
Para el coronel en retiro y experto en inteligencia, Mario Pazmiño, el próximo presidente deberá priorizar la recuperación del territorio nacional. “Zonas como Esmeraldas, Guayaquil, Durán, Manta y el sur de Quito son hoy santuarios del crimen organizado. Allí el Estado ya no puede intervenir directamente. Esa debe ser la prioridad número uno”, asegura.
La situación se agrava con la falta de control sobre los puertos marítimos, epicentros de salida de droga hacia el exterior, y con un sistema carcelario colapsado, que según Pazmiño necesita una reforma estructural: eliminación del SNAI, creación de una fuerza penitenciaria profesionalizada, y programas reales de rehabilitación social.
Además, el especialista advierte que el sistema financiero está infiltrado por el crimen organizado, sin una supervisión efectiva de la fuerza pública ni de las autoridades judiciales. “Se necesita una limpieza institucional y el nombramiento de funcionarios técnicos, no cuotas políticas”, concluye.
Una economía estancada: sin inversión, sin consumo, sin salida
La recesión económica, que se arrastra desde antes de la pandemia de COVID-19, será otro de los frentes urgentes. El economista Santiago García señala que el país enfrenta una combinación letal: falta de inversión, caída del consumo y debilitamiento de las exportaciones.
“El próximo gobierno deberá diseñar una política económica que brinde certidumbre, especialmente a mediano plazo. Eso implica tomar decisiones técnicas, más allá de los cálculos políticos”, afirma García.
Los datos son preocupantes: en 2024, Ecuador registró la peor cifra de inversión extranjera directa en 14 años: apenas 232 millones de dólares, muy por debajo de países como Perú (9.414 millones) o Colombia (14.232 millones).
Para García, es indispensable activar los más de 11.000 millones de dólares en alianzas público-privadas que están represadas, fortalecer las exportaciones y mantener una relación pragmática con organismos internacionales, sin caer en disputas ideológicas que poco benefician al país.
Seguridad Social: una bomba de tiempo fiscal
Uno de los pasivos más críticos del Estado ecuatoriano es la deuda con el IESS, que asciende a 24.300 millones de dólares. Según la experta en temas de Seguridad Social, Patricia Borja, esta cifra debe ser saldada en un máximo de 10 años, y el próximo presidente deberá transparentar su estrategia de pago desde el primer día.
“El Gobierno tiene que establecer un cronograma claro y sostenible para garantizar los fondos de pensiones y salud, y evitar el colapso del sistema”, advierte Borja. Además, señala que es indispensable definir fuentes de financiamiento para prestaciones que hoy carecen de respaldo económico, como la atención a menores de 18 años y a pacientes con enfermedades catastróficas.
Otro reto es atraer a los jóvenes al sistema, evitar el uso político del IESS y reformar procesos como la contratación pública, que hoy afectan directamente la disponibilidad de medicamentos.
Gobernabilidad: entre la polarización y el riesgo de parálisis legislativa
A todo lo anterior se suma un factor que puede complicar cualquier intento de reforma: la polarización política. En la Asamblea Nacional, dos fuerzas dominan el escenario: Revolución Ciudadana (RC) y Acción Democrática Nacional (ADN). Ninguna tiene mayoría absoluta, lo que obliga a tender puentes.
El politólogo Alfredo Espinosa lo resume así: “Sin un acuerdo político desde el primer día, será imposible aprobar leyes o ejercer una fiscalización efectiva. El diálogo es imprescindible. De lo contrario, el país podría enfrentarse a un nuevo proceso de muerte cruzada”.
Espinosa sostiene que el acuerdo entre la RC y Pachakutik, que suma 76 votos, podría viabilizar reformas legislativas. Sin embargo, para la censura y destitución de ministros se requieren 92 votos, lo que hace prácticamente inviable un proceso de control político profundo si ambas grandes bancadas no colaboran.
“El presidente Daniel Noboa y futuros mandatarios podrían respirar aliviados, porque los juicios políticos estarán bloqueados por la misma polarización que carcome al país”, añade el analista.
Una tormenta perfecta… con posibilidad de esperanza
El próximo periodo presidencial arranca con un tablero lleno de amenazas y escasa maniobrabilidad. La inseguridad, la economía en recesión, la crisis del IESS y un sistema político fracturado colocan al nuevo gobierno frente a una tormenta perfecta.
Pero también existe una oportunidad: si se logra construir consensos mínimos, recuperar la institucionalidad y colocar a los ciudadanos por encima de las agendas partidistas, Ecuador podría empezar a escribir una nueva página en su historia.
El reloj empieza a correr este 24 de mayo. Y no hay margen para el error.







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