Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Putin exhibe fuerza militar en el 80º aniversario de la victoria soviética mientras persiste la guerra en Ucrania

Con el telón de fondo de una guerra en curso en Ucrania, el presidente ruso, Vladimir Putin, presidió este jueves el desfile militar por el 80º aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, en una ceremonia cargada de simbolismo, propaganda y poderío militar. La parada, como es tradición, comenzó a las 10:00 hora local en la histórica plaza Roja de Moscú, encabezada por el propio jefe del Kremlin, en su rol de comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Este año, la celebración se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad y con un mensaje claro: reafirmar la legitimidad de la «operación militar especial» en Ucrania y proyectar fortaleza ante la comunidad internacional. En un gesto que buscaba revestir el evento de un aparente tono conciliador, Putin había anunciado un alto el fuego unilateral del 8 al 10 de mayo. Sin embargo, Kiev denunció que Rusia continuó sus ataques a lo largo de toda la línea del frente, acusación que Moscú negó, alegando que sus tropas solo respondieron a provocaciones.

“Todo el país, la sociedad, el pueblo apoya a los participantes en la operación militar especial. Nos sentimos orgullosos de su valentía y tesón, esa fuerza de espíritu que nos ha otorgado siempre y únicamente la victoria”, expresó Putin en su discurso frente al Mausoleo de Lenin, evocando una narrativa histórica que vincula la lucha contra el nazismo con su actual intervención armada.

Acompañado por una veintena de líderes internacionales, entre ellos el presidente chino Xi Jinping, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el venezolano Nicolás Maduro y el cubano Miguel Díaz-Canel, Putin utilizó la tribuna no solo como un acto conmemorativo, sino también como plataforma de respaldo internacional a su política exterior.

El desfile contó con la participación de más de 10.000 soldados rusos y contingentes de trece países aliados. Se exhibieron alrededor de 130 unidades de equipo militar, incluidos los icónicos tanques T-34 y los obuses SU-100 de la era soviética, junto con armamento moderno como los misiles intercontinentales Yars, con un alcance de hasta 12.000 kilómetros, y los misiles Iskander, con capacidad nuclear.

Los drones también ocuparon un lugar central en la parada. Entre ellos destacaron los Gueran-2 —considerados por muchos como versiones rusas de los drones iraníes Shahed—, los drones espía Orlán y los drones kamikaze Lantset, todos desplegados sobre camiones Kamaz.

Las calles de Moscú lucieron cubiertas con banderas, pancartas y mensajes de orgullo nacional. Comercios y edificios públicos se sumaron a la estética oficial con alusiones a la victoria de 1945, reforzando la narrativa histórica que el Kremlin ha usado insistentemente desde el inicio del conflicto con Ucrania en febrero de 2022.

Desde Kiev, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski respondió con contundencia. Calificó el desfile en Moscú como una “exhibición de mentiras” y reiteró que Ucrania está dispuesta a negociar, siempre que Rusia demuestre una voluntad real de poner fin a la guerra. En paralelo, el expresidente estadounidense Donald Trump —implicado nuevamente en la escena internacional— instó a ambas partes a pactar un alto el fuego incondicional de un mes, advirtiendo sobre posibles sanciones si no se respetaba la tregua.

Las conmemoraciones de este año, que las autoridades rusas prometieron como “las más ambiciosas hasta la fecha”, confirman que para el Kremlin, la historia no solo es memoria: es munición política en una guerra que no da señales de terminar.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *