En el corazón de Europa, Suiza ha convertido la defensa civil en una política de Estado. Con apenas 9 millones de habitantes y más de 370.000 búnkeres nucleares distribuidos en su territorio, el país alpino lidera el mundo en refugios por habitante. Esta red subterránea no es una reliquia de la Guerra Fría: es un sistema activo, regulado por ley desde 1963, que garantiza un espacio seguro —con litera incluida— a cada persona en el país, ya sea ciudadano suizo, residente extranjero o solicitante de asilo.
A diferencia de otras naciones que relegaron sus estructuras defensivas al pasado, Suiza ha mantenido su red de refugios operativa, aunque en las últimas décadas su uso cotidiano se haya transformado. Muchos búnkeres sirven hoy como trasteros, bodegas, archivos e incluso espacios culturales, pero la ley es clara: deben poder volver a su función original en menos de 48 horas.
Una red construida para resistirlo todo
Por normativa, cada residente debe tener acceso a un búnker a no más de 30 minutos a pie desde su vivienda, o a una hora en zonas montañosas. Las viviendas nuevas están obligadas a contar con refugios propios, y los edificios antiguos sin ellos deben garantizar acceso a instalaciones públicas. Los espacios, construidos para resistir explosiones, radiación y ataques químicos o biológicos, soportan hasta 10 toneladas de presión por metro cuadrado —equivalente al colapso de un edificio— y cuentan con sistemas de ventilación y filtros que aseguran aire purificado.
Según la Oficina Federal de Protección Civil, la mayoría de los suizos vive en inmuebles que incluyen su propio refugio. Cada búnker debe ser inspeccionado al menos una vez cada diez años, y los propietarios están obligados por ley a realizar reparaciones si la estructura no cumple los requisitos mínimos.
De la Segunda Guerra Mundial a un nuevo escenario de amenaza
El origen de esta infraestructura se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando la neutral Suiza quedó rodeada por los regímenes fascistas de la Alemania nazi e Italia. La política de «neutralidad armada» del país impulsó el desarrollo de refugios tanto para civiles como para uso militar, muchos de ellos excavados en la roca de los Alpes. La Guerra Fría, con su amenaza nuclear constante, consolidó esta cultura defensiva en el imaginario nacional.
Tras la caída del Muro de Berlín, Suiza, al igual que otras naciones europeas, atravesó lo que los expertos llaman el “dividendo de la paz”: un periodo de relajación en materia de defensa civil. La inversión y el mantenimiento en búnkeres disminuyó. Muchas instalaciones quedaron en desuso o se deterioraron.
“Con el fin de la Guerra Fría, se redujo el riesgo percibido y, en consecuencia, también los recursos destinados al mantenimiento de estos refugios”, explicó a BBC Mundo Juan Moscoso del Prado, senior fellow del Instituto EsadeGeo.
El conflicto en Ucrania reactiva la conciencia defensiva
La invasión rusa a Ucrania marcó un antes y un después en la percepción de seguridad europea, y Suiza no fue la excepción. Aunque históricamente neutral, el país adoptó sanciones contra Moscú alineadas con la Unión Europea, lo que supuso un giro en su política exterior y reactivó la demanda de seguridad civil.
Desde el inicio de la guerra, empresas especializadas como Oppidum Bunkers, Mengeu AG y Lunor informaron de un auge en pedidos para restaurar o construir nuevos refugios. Muchos búnkeres datan de entre 1960 y 1980 y necesitan modernización urgente.
El gobierno suizo anunció recientemente una inversión de 250 millones de dólares para revitalizar esta red subterránea, medida que, según declaró, no implica preparativos para una guerra, sino una apuesta estratégica por la seguridad pública.
“La guerra en Ucrania rompió la estabilidad que Suiza disfrutaba como territorio enclavado entre bloques opuestos”, sostuvo Moscoso del Prado. “Hoy vemos cómo países como Finlandia, Suecia o los bálticos adoptan modelos similares al suizo para reforzar su defensa civil”.
Una cultura de refugio integrada en la vida cotidiana
Aunque muchos ciudadanos admiten no conocer con exactitud el refugio que les corresponde, la infraestructura forma parte de la cotidianidad suiza. Daniel Jordi, subdirector de la Oficina Federal de Protección Civil, explicó que el refugio está vinculado a la dirección del domicilio, y no es necesario que el ciudadano lo sepa de antemano, ya que las mudanzas frecuentes podrían causar confusión. “Nuestra recomendación es comunicarlo solo cuando sea necesario”, dijo.
“Me da tranquilidad saber que hay un búnker cerca. No creo que una guerra en Suiza sea probable, pero me parece positivo estar preparados”, declaró Nicolas Städler, residente en Basilea, a BBC Mundo. Isabel, vecina de Zúrich, añadió: “Es una gran medida para proteger a mi familia. Espero que nunca sea necesario usarlo, pero me siento más segura con él”.
Preparación sin renunciar a la neutralidad
Suiza ha demostrado que es posible fortalecer la seguridad sin abandonar la neutralidad. A medida que Europa incrementa su gasto militar, el país helvético opta por reforzar su sistema de protección civil: una red subterránea que, en tiempos de paz, pasa desapercibida, pero que en caso de emergencia podría convertirse en el mayor escudo de su población.
La red de búnkeres suizos es mucho más que concreto y acero. Es una manifestación tangible de la cultura de previsión, una apuesta por la seguridad colectiva y un recordatorio silencioso de que la paz, por estable que parezca, nunca debe darse por sentada.







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