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A días de las elecciones, Bolivia enfrenta un escenario incierto con un panorama económico complejo

A tan solo unos días de las elecciones generales en Bolivia, programadas para el 17 de agosto, las calles de La Paz se presentan inusualmente desprovistas de los tradicionales carteles de campaña. Apenas unas pocas personas acompañan las caminatas de los candidatos, en un contexto marcado por una profunda crisis económica que ha centrado la atención de los bolivianos.

La escasez de combustibles, la depreciación de la moneda en el mercado paralelo de divisas y una inflación interanual que roza el 25% son solo algunos de los desafíos económicos que acaparan las preocupaciones de los votantes. De acuerdo con el último sondeo de la empresa Ipsos-Ciesmori para Unitel, ninguno de los ocho candidatos en la carrera por la presidencia supera el 22% en intención de voto.

En la cima de las preferencias se encuentra el empresario liberal Samuel Doria Medina, quien lidera las encuestas con un 21%. A continuación, el expresidente conservador Jorge “Tuto” Quiroga, con un 20%. El resto de los aspirantes se mantienen por debajo del 10%, reflejando un panorama fragmentado. Andrónico Rodríguez, el único candidato de izquierda con posibilidades de llegar a una segunda vuelta, se encuentra en el quinto lugar con un 5,5%, mientras que Evo Morales, el expresidente de Bolivia (2006-2019), hace campaña por el voto nulo.

Si se confirma esta tendencia, las elecciones de este 17 de agosto podrían marcar un quiebre en la dinámica política del país, caracterizada por victorias abrumadoras en primera vuelta por parte de los partidos predominantes en los últimos 20 años. La era del Movimiento al Socialismo (MAS) parece entrar en una nueva fase, con un panorama electoral más dividido y menos predecible.

¿Por qué el país podría enfrentar una segunda vuelta?

1. Crisis económica y malestar social

El profundo malestar generado por la crisis económica es uno de los factores determinantes en la elección. Muchos bolivianos dedican su día a consultar los precios de los alimentos, revisar los grupos de WhatsApp de las estaciones de servicio para saber cuándo habrá combustible, o a buscar formas de estirar su dinero. Para José Luis Exeni, ex presidente de la Corte Nacional Electoral, esta incertidumbre económica influirá directamente en el comportamiento electoral.

Una encuesta realizada por la Fundación Friedrich Ebert destaca que más de la mitad de los votantes se sienten inciertos sobre el futuro del país en los próximos seis meses. Según María Eugenia García, rectora de la Universidad Mayor de San Andrés, existe una notable apatía en las calles y universidades, lo que demuestra una desconexión con las campañas y las propuestas políticas actuales.

A pesar de la incertidumbre, los analistas coinciden en que los bolivianos mantienen la esperanza de que las elecciones sean la vía para resolver el conflicto político y económico. Esta actitud refleja una fuerte vocación democrática, a pesar de la crisis.

2. Fractura dentro del MAS

La división interna del Movimiento al Socialismo (MAS) es otro factor clave. Este es el primer proceso electoral en 20 años en el que el MAS se presenta dividido. El presidente Luis Arce, con una imagen negativa que lo coloca como el líder peor valorado de América Latina, decidió retirarse de la carrera en mayo pasado. A su lugar, respalda a Eduardo del Castillo, quien, según las encuestas, no supera el 1,5% en intención de voto.

Por otro lado, Evo Morales, inhabilitado para postularse a un cuarto mandato, ha impulsado una campaña por el voto nulo. Morales busca, entre otras cosas, deslegitimar el proceso electoral y debilitar la candidatura de Andrónico Rodríguez, el único candidato de izquierda con posibilidades de alcanzar la segunda vuelta.

Rodríguez, quien es visto como una opción moderada dentro de la izquierda, está distanciado tanto de Arce como de Morales, lo que lo coloca en una posición delicada. Sin embargo, algunos analistas consideran que aún podría haber un «voto oculto» que podría llevarlo a un desempeño más fuerte de lo esperado.

3. Oposición fragmentada

La oposición, por su parte, también enfrenta una fragmentación significativa. Tras intentos fallidos de unificar a la oposición, los ex presidentes Carlos Mesa y Jorge «Tuto» Quiroga, junto con el empresario Samuel Doria Medina, no lograron consensuar un solo candidato. El resultado ha sido una competencia interna entre Doria Medina, Quiroga y otras figuras menores.

Doria Medina, conocido por su perfil técnico y moderado, ha sido un candidato recurrente en la política boliviana, pero con pocos logros electorales. Quiroga, por su parte, se presenta como un líder más radical en su crítica al MAS, lo que lo hace popular entre los sectores más duros de la oposición.

Ambos candidatos cuentan con el respaldo de sectores específicos de la población, pero no logran unificar a la oposición. Esta división puede jugar a favor del MAS, ya que un bloque opositor dividido podría diluir las opciones de una victoria contundente.

El voto «menos peor»

La fragmentación y el desencanto con las opciones tradicionales han generado que muchos votantes vean las elecciones como una elección del “menos peor”. Esto es especialmente evidente en las encuestas, que reflejan un alto porcentaje de indecisos, y en la actitud de muchos ciudadanos que, según un informe reciente, no sienten ninguna afinidad con los partidos políticos, pero aún así buscan que el proceso electoral resuelva los problemas del país.

El sociólogo Julio Córdova también sugiere que el voto oculto hacia Rodríguez podría ser una reacción ante el rechazo tanto a las opciones de izquierda tradicionales como a la polarización de la derecha. Este fenómeno sugiere que, si la oposición no logra una consolidación efectiva, las elecciones podrían prolongarse en una segunda vuelta, algo que no ha ocurrido en Bolivia desde la reforma constitucional de 2009.

¿El fin del sistema político actual?

Lo que se juega el próximo domingo no es solo la presidencia del país, sino también el futuro del sistema político boliviano. Para la consultora Luciana Jáuregui, este proceso podría ser visto como una “elección fusible”, en la que se pone fin a un ciclo de más de dos décadas dominado por el MAS y se abre paso a nuevas formas de hacer política. En este sentido, la incertidumbre del voto, las divisiones internas y la crisis económica podrían ser los motores que reconfiguren el panorama político de Bolivia para los próximos años.

De confirmarse una segunda vuelta, será la primera vez en la historia reciente del país que las elecciones no se resuelvan en primera ronda. Y aunque el malestar social podría generar un clima de tensión, también hay una clara intención de resolver las diferencias de forma democrática, a través de las urnas.

Este 17 de agosto, Bolivia vivirá una de las elecciones más inciertas y decisivas de su historia reciente. Las calles, en silencio, reflejan la expectación de un país que se encuentra a la espera de un cambio, pero sin saber aún hacia dónde se dirige.

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