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Salario mínimo en Venezuela cubre menos del 31 % de la canasta alimentaria: una realidad que obliga a las familias a priorizar lo esencial

El salario mínimo en Venezuela continúa estancado en 130 bolívares mensuales, lo que equivale a menos de un dólar al tipo de cambio oficial. Aunque los bonos complementarios entregados por el Estado elevan el ingreso mensual de muchos trabajadores públicos hasta los 160 dólares, esta cifra representa apenas el 31 % del valor de la canasta alimentaria para una familia de cinco miembros, estimada en más de 500 dólares, según datos del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).

Este desfase entre ingresos y necesidades básicas ha transformado los hábitos de consumo en los hogares venezolanos. Hoy, hacer el mercado es un ejercicio de priorización extrema: elegir qué llevar y qué dejar de lado en función del escaso poder adquisitivo. Los alimentos más costosos, como carnes rojas y pollo, son los primeros en salir del carrito.

Testimonios de una dieta forzada por la economía

Magda, trabajadora del sector comercio en Barquisimeto, lo resume así: «Antes compraba carne cada semana, ahora solo cuando puedo. Primero compro lo más necesario, lo que rinde más». Su experiencia refleja la de miles de venezolanos que han debido adaptar su dieta no por gusto, sino por necesidad.

Un trabajador administrativo de la Universidad de Los Andes, que prefirió mantener el anonimato, explicó que su sueldo solo le permite hacer un pequeño mercado con productos básicos. “Con lo que me queda tengo que pagar transporte, servicios y, si puedo, internet. Solo este último me cuesta 30 dólares al mes. Es difícil estirar tanto un ingreso tan bajo”, afirmó.

Una profesora de la misma universidad compartió su experiencia bajo condición de anonimato. Vive con su hija y su gasto mensual en alimentos supera los 200 dólares, muy por encima de lo que percibe. En solo dos semanas puede gastar alrededor de 115 dólares en productos como queso, huevos, leche, granos, pasta, frutas, verduras y algunas proteínas. “Entre pagar el gas, comprar comida y cubrir el condominio, me quedo sin nada. Para el resto del mes tengo que hacer trabajos extra”, explicó.

Ingresos insuficientes y precios que no ceden

De acuerdo con un sondeo realizado por Tal Cual en distintos comercios del estado Mérida, el costo de una lista básica de productos alimenticios y de higiene alcanza los 163,85 dólares en agosto de 2025. Esto incluye alimentos esenciales como arroz, pasta, leche, queso, café, carnes y vegetales, además de artículos de limpieza y aseo personal.

Producto Presentación Precio (USD)
Harina de maíz precocida 1 kg $1,10
Leche en polvo 1 kg $10,00
Queso blanco duro 1 kg $5,80
Pechuga de pollo 1 kg $6,95
Huevos 30 unidades $6,30
Café molido 500 g $5,20
Aceite vegetal 1 L $3,50
Otros productos (total) $124,00 aprox.

Una quincena en la despensa

En la práctica, un trabajador del sector público con ingresos promedio solo puede costear una compra que rinda para 10 a 15 días, dependiendo de los productos seleccionados. Para el resto del mes, las familias deben hacer sustituciones, reducir porciones o, en muchos casos, acudir a trabajos informales o remesas.

“No tenemos deudas de vivienda, pero tampoco podemos darnos lujos. Pagamos comida y servicios, y ya”, expresó otra trabajadora del sector público, cuyo ingreso combinado alcanza los 164 dólares.

Políticas asistenciales con resultados limitados

Un informe del Relator Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Michael Fakhri, publicado en marzo de 2025, señala que las políticas de asistencia alimentaria implementadas en el país, como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), enfrentan serias limitaciones en su cobertura y efectividad. Aunque buscan mitigar la inseguridad alimentaria, no han abordado las causas estructurales que la originan.

La mayoría de los trabajadores tampoco recibe de forma uniforme los bonos o asignaciones complementarias. Esto depende del sector laboral, el tipo de contrato y el acceso a programas de subsidios, lo que genera una desigualdad en el poder adquisitivo incluso dentro del mismo sector público.

Más allá de los números: sobrevivir en la economía venezolana

El impacto de esta realidad va más allá de lo económico: afecta la salud, la estabilidad emocional y la calidad de vida de millones de venezolanos. Con ingresos que se devalúan día a día y precios que no se detienen, las familias deben buscar formas creativas de subsistir.

El salario en Venezuela ya no cumple con su función básica de garantizar un nivel de vida digno. En su lugar, se ha convertido en un punto de partida simbólico, insuficiente frente a la magnitud de los desafíos cotidianos.

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