El Gobierno de Venezuela denunció este domingo 26 de octubre lo que calificó como una “operación colonial de agresión militar”, tras la llegada del destructor estadounidense USS Gravely al puerto de Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, país ubicado a escasos kilómetros de las costas venezolanas.
Según el comunicado emitido por la Cancillería venezolana, la presencia del buque —equipado con sistemas lanzamisiles— no forma parte de simples ejercicios de defensa, sino de una “provocación militar coordinada por el Comando Sur de Estados Unidos”, con el objetivo de consolidar la presencia norteamericana en el Caribe y “convertirlo en un espacio de violencia letal y dominio imperial”.
“No se trata de ejercicios defensivos; se trata de una operación colonial de agresión militar que busca convertir al Caribe en un espacio para la violencia letal y el dominio imperial estadounidense”, señaló el comunicado oficial difundido por Caracas.
Contexto regional y tensiones diplomáticas
El despliegue militar estadounidense se enmarca en la estrategia anunciada por el expresidente Donald Trump en agosto, cuando autorizó el envío de una flotilla de buques de guerra al Caribe con el argumento de combatir el narcotráfico. La medida fue acompañada por un incremento en la recompensa ofrecida por la justicia estadounidense —50 millones de dólares— por información que conduzca a la captura del presidente Nicolás Maduro, acusado de delitos relacionados con el “narcoterrorismo”.
En respuesta, Venezuela acusó a Washington de promover una “campaña de hostigamiento” para justificar acciones armadas en la región y advirtió sobre las consecuencias de tales provocaciones.
Acusaciones contra Trinidad y Tobago
El Gobierno venezolano también dirigió duras críticas a la primera ministra trinitense Kamla Persad-Bissessar, a quien señaló de “renunciar a la soberanía nacional” al permitir operaciones militares estadounidenses desde su territorio.
“Ha renunciado a la soberanía de Trinidad y Tobago para actuar como colonia militar subordinada a los intereses hegemónicos estadounidenses, convirtiendo su territorio en un portaviones de guerra en el Caribe contra Venezuela, contra Colombia y contra toda Suramérica”, se lee en el documento.
Caracas sostiene que los ejercicios militares previstos entre el 26 y el 30 de octubre constituyen una amenaza directa a la estabilidad del Caribe y pidió la intervención de organismos internacionales para frenar lo que considera una escalada de tensiones en la región.
Denuncias de un presunto “ataque de falsa bandera”
En su pronunciamiento, el Gobierno de Maduro también informó sobre la captura de un grupo mercenario que, según las autoridades, operaba con información proporcionada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
De acuerdo con la versión oficial, el grupo habría planificado un “ataque de falsa bandera” desde aguas limítrofes con Trinidad y Tobago, o incluso desde territorio venezolano, con el propósito de generar un enfrentamiento militar abierto contra Caracas.
“Venezuela denuncia ante la comunidad internacional la peligrosa realización de estos ejercicios bajo coordinación, financiamiento y control del Comando Sur de Estados Unidos, acción que constituye una grave amenaza a la paz del Caribe”, concluyó el comunicado.
La llegada del USS Gravely y las posteriores reacciones del Gobierno venezolano se suman a un clima de tensión geopolítica creciente en el Caribe, donde confluyen intereses estratégicos de Estados Unidos, potencias extranjeras y gobiernos regionales que buscan mantener su soberanía frente a la presión militar y diplomática internacional.







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