Pulsa «Intro» para saltar al contenido

El mito jamás muere: Luc Besson reinterpreta a Drácula y abre la puerta a un recorrido por las múltiples vidas del vampiro en el cine

La figura del vampiro vuelve a reclamar su espacio en la pantalla grande con el estreno de Drácula, la nueva reinterpretación del mito dirigida por Luc Besson. Lejos del terror gótico más convencional, el cineasta de El quinto elemento y El profesional apuesta por una lectura más íntima y emocional: un príncipe condenado a la eternidad tras perder al amor de su vida. Besson se acerca así a la esencia trágica de la novela de Bram Stoker, subrayando el deseo, la pérdida y la condena que acecha detrás de la inmortalidad.

La llegada de este nuevo Drácula se suma a una tradición cinematográfica tan longeva como el propio monstruo. Desde que F. W. Murnau abrió el camino con Nosferatu en 1922, el vampiro no ha dejado de transformarse. Ha sido metáfora, monstruo, amante, rebelde, víctima y verdugo. Ha encarnado debates sociales, temores generacionales y fantasías prohibidas. En cada época, una máscara distinta; en todas, una criatura imposible de desterrar.

Con el estreno de la propuesta de Besson como punto de partida, revisamos quince títulos que demuestran por qué el vampiro sigue siendo uno de los personajes más fértiles del cine y por qué la industria, siglo tras siglo, sigue afilando sus colmillos.

LOS PECADORES (2025)

Considerada ya una de las películas clave de 2025, la obra de Ryan Coogler entrelaza racismo, capitalismo, cultura y espiritualidad a través de la figura del vampiro como símbolo de explotación. En Los pecadores, el monstruo no es solo un depredador nocturno: es la proyección fantástica de un sistema económico que extrae, consume y agota la vida de comunidades enteras. Seducción, poder y peligro se combinan en una metáfora feroz de la desigualdad contemporánea.

Vampira humanista busca suicida (2023)

Este híbrido entre humor negro y coming of age reinventa al monstruo a través de Sasha, una adolescente vampira que se niega a matar. Cuando sus padres dejan de alimentarla, se ve obligada a buscar una víctima; encuentra a Paul, un joven decidido a morir que propone un intercambio insólito. La película transforma la depredación en un diálogo sobre responsabilidad, identidad y la búsqueda de un propósito en el abismo de la juventud.

LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (2014)

La irreverente sátira de Taika Waititi y Jemaine Clement convierte la inmortalidad en una convivencia de piso grotescamente cotidiana. Vampiros de distintas épocas comparten casa, discuten por tareas domésticas y luchan por entender el mundo moderno. Con forma de falso documental, desmonta uno a uno los clichés del género sin perder respeto por su mitología, revelando que la vida eterna también tiene días pésimos.

SOLO LOS AMANTES SOBREVIVEN (2013)

En manos de Jim Jarmusch, el vampirismo se convierte en un poema existencial. Tilda Swinton y Tom Hiddleston interpretan a una pareja de amantes eternos que observa cómo la humanidad destruye su propio mundo. Entre guitarras, literatura y bolsas de sangre cuidadosamente obtenidas, luchan contra el tedio, la melancolía y la sensación de fin de ciclo. Una obra contemplativa donde lo sobrenatural es solo el punto de partida para hablar del amor que resiste al tiempo.

DÉJAME ENTRAR (2008)

El clásico moderno del cine sueco combina ternura y horror en la relación entre un niño víctima de acoso escolar y la misteriosa niña del apartamento vecino, que solo sale por la noche. La película explora la soledad infantil, la violencia extrema y la ambigüedad emocional con una delicadeza inquietante. Una historia donde el rito de paso hacia la adolescencia se ve atravesado por el hambre y el peligro.

LA SOMBRA DEL VAMPIRO (2000)

Este brillante ejercicio metacinematográfico plantea una pregunta irresistible: ¿y si el Nosferatu de Murnau hubiera sido interpretado por un vampiro real? John Malkovich encarna a un director obsesionado, capaz de sacrificarlo todo por la obra perfecta, mientras Willem Dafoe ofrece una interpretación perturbadora entre el método extremo y la monstruosidad pura. La película es tanto un relato vampírico como una crítica feroz al acto de filmar y a los límites éticos del arte.

El estreno del Drácula de Luc Besson, más que un regreso, es un recordatorio: el vampiro nunca ha dejado de reinventarse. En cada relectura, el cine vampírico demuestra que mientras existan temores, deseos y ansiedades humanas, su sombra seguirá proyectándose en la pantalla. Y como toda criatura eterna, volverá una y otra vez, con nuevas formas y viejos colmillos.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *