La tensión en Oriente Medio se intensifica tras el ataque conjunto de Estados Unidos y Israel contra refinerías de gas en el sur de Irán. El Ejército iraní calificó la operación como “un crimen de guerra” y advirtió que la acción “no quedará impune”.
Según reportó la agencia Fars, citando fuentes vinculadas a las Fuerzas Armadas, la respuesta de Irán marcará un cambio en la dinámica del conflicto. “El péndulo de la guerra pasará de enfrentamientos limitados a una guerra económica a gran escala”, señalaron.
Amenazas de represalia y cambio de estrategia
Las autoridades iraníes advirtieron que las “líneas rojas han cambiado”, y aseguraron que la ofensiva abre la puerta a una estrategia basada en la reciprocidad. En ese contexto, indicaron que infraestructuras consideradas previamente fuera de riesgo podrían convertirse ahora en objetivos militares.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) emitió una advertencia directa a países del Golfo Pérsico, instando a evacuar instalaciones petroleras en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar.
De acuerdo con la agencia Tasnim, cercana al IRGC, estas infraestructuras “se han convertido en blancos legítimos” y podrían ser atacadas en las próximas horas. Entre los posibles objetivos mencionados figuran complejos petroquímicos y refinerías clave en la región.
Ataque a infraestructura energética clave
El bombardeo tuvo lugar en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, ubicada en Asalouye, en la costa sur iraní. Un proyectil impactó parte de las instalaciones gasíferas, provocando un incendio que fue atendido por equipos de emergencia, según autoridades locales de la provincia de Bushehr.
Este hecho se suma a una escalada reciente. El pasado 14 de marzo, Estados Unidos atacó objetivos militares en la isla de Kharg, considerada estratégica para la industria petrolera iraní, ya que allí se almacena cerca del 90 % del crudo que el país exporta.
Riesgo de escalada regional
Tras ese ataque previo, Irán ya había advertido que respondería destruyendo infraestructura energética vinculada a intereses estadounidenses en la región si continuaban las agresiones.
Con las nuevas amenazas y el señalamiento directo a instalaciones en varios países del Golfo, el conflicto entra en una fase de alta incertidumbre, con potencial impacto no solo militar, sino también económico a escala global, especialmente en los mercados energéticos.
La comunidad internacional sigue de cerca la evolución de los acontecimientos, ante el temor de una escalada mayor que comprometa la estabilidad de toda la región.







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