Una ciudad que ya no está, pero que persiste en la memoria, en los objetos olvidados por el tiempo y en los rastros de una identidad urbana en fuga. Así se configura Retrotopía, la más reciente exposición del artista Juan Pablo Toral, que se inaugura este 24 de julio en el Museo Municipal de Arte Moderno.
Hidrantes del siglo pasado, calados de madera, señales de tránsito en desuso, tapas de alcantarilla oxidadas y zapatos colgados en cables eléctricos: elementos comunes y a la vez cargados de historia, que Toral rescata para construir una crónica visual de la desaparición urbana. A través de pintura, escultura y archivo, el artista reconstruye la memoria de una ciudad que se desvanece bajo el avance del urbanismo y la modernidad.
El título de la exposición se inspira en el concepto del filósofo polaco Zygmunt Bauman, quien acuñó el término retrotopía para referirse a la tendencia de mirar hacia el pasado como refugio ante la incertidumbre del futuro. Bajo esta premisa, Toral plantea una ciudad idealizada desde la nostalgia, en un gesto más emocional que documental.
La muestra —resultado de ocho meses de trabajo en conjunto con el museo— reúne 170 obras, distribuidas en seis salas principales y cinco espacios adicionales. Es también una síntesis de sus 25 años de trayectoria artística, con piezas provenientes de colecciones privadas, instituciones culturales de Guayaquil y Quito, así como de ferias internacionales donde ha exhibido desde 2007.
Una ciudad en fuga
Uno de los núcleos de la exposición se concentra en Guayaquil y su patrimonio arquitectónico ya desaparecido. Para ello, Toral trabajó sobre los escombros de antiguas construcciones, en colaboración con el artista Florencio Comte, quien aportó con documentación histórica que da sustento a varias de las obras.
Las salas de la exposición llevan nombres que evocan esa ciudad perdida: Boulevard, Chuzos, Guindados, Calor, Espacios vacíos y Pintura de garaje. En Boulevard, por ejemplo, Toral recrea en resina los hidrantes importados por el Cuerpo de Bomberos en 1905, y los acompaña de óleos, acrílicos y acuarelas donde aparecen zapatos colgantes, símbolo recurrente de su obra como huella de quienes habitaron esos espacios.
Guindados y Calor exploran los objetos suspendidos: cables, llaves de agua, semáforos, y elementos que remiten a la infancia, el clima o las fiestas populares, como las bombas de carnaval.
Arte que documenta la pérdida
“‘Retrotopía’ habla de la pérdida: de la memoria urbana, de las costumbres, del patrimonio arquitectónico. De lo que ya no está, lo que estuvo en las veredas, en las esquinas, en las casas… y que desaparece en nombre del progreso”, reflexiona Toral, quien ha vivido entre Guayaquil y Cuenca, y cuya obra está profundamente marcada por la geografía de ambas ciudades.
El artista insiste en que su intención no es puramente nostálgica. “Quiero que un niño de cinco años disfrute la exposición, y que un adulto se acuerde. Lo que más me gusta es cuando alguien dice: ‘yo me acuerdo de eso’”, comenta. Para él, el arte debe ofrecer un vínculo emocional directo con el espacio vivido.
Una constante en su obra son las coordenadas geográficas: referencias exactas de lugares reales que se convierten en testimonio del paso del tiempo y de los cambios en el paisaje urbano.
Un regreso esperado
Tras más de una década sin exponer —su última muestra fue en 2014, en Miami— Toral regresa con una propuesta que no solo documenta, sino que interpela: ¿qué queda de las ciudades cuando olvidamos su pasado?
Retrotopía es una invitación a mirar el reverso del progreso, a reencontrarse con lo que se ha perdido, y a reconocer las múltiples capas que construyen la identidad urbana.
La exposición estará abierta al público hasta el 15 de septiembre. La entrada es gratuita.







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