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Santa Ana: una parroquia de Cuenca donde el pan, la memoria y la naturaleza se encuentran

A 16 kilómetros del centro de Cuenca, esta parroquia mantiene viva una tradición panadera de más de un siglo y ofrece al visitante senderos, cascadas, patrimonio y experiencias de turismo rural.

A pocos kilómetros del centro de Cuenca existe un territorio donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. En la parroquia Santa Ana, las antiguas recetas de pan continúan pasando de generación en generación, mientras sus caminos conducen hacia cerros, cascadas y quebradas que forman parte de un paisaje rural todavía marcado por las tradiciones comunitarias.

Ubicada a aproximadamente 16 kilómetros del centro de la capital azuaya, Santa Ana combina gastronomía, patrimonio, naturaleza y memoria. Su tradición panadera, que supera el siglo de historia, constituye uno de los principales atractivos para quienes buscan conocer una faceta diferente de Cuenca.

El sabor de una tradición centenaria

El recorrido por esta historia puede comenzar detrás de la iglesia, en la casa de Sara Chumbay, quien aprendió el oficio de su madre hace más de cinco décadas.

Desde niña acompañaba a su familia en la elaboración, venta y distribución del pan en las comunidades cercanas. Era una época en la que los productos se trasladaban incluso a caballo para llegar a los compradores.

“Mi mamá iba a vender el pan en caballo y yo heredé el oficio”, recuerda Chumbay, evocando una tradición familiar que todavía permanece vigente.

La preparación artesanal también se mantiene en la denominada “Y” de Santa Ana, donde Julia Liduvina Luzuriaga, de 79 años, lleva alrededor de 45 años dedicada a esta actividad. La receta que utiliza fue heredada de su madre, Elvira Castro, y se mantiene prácticamente como una herencia familiar.

Junto a su esposo, Lucas Mendoza, de 88 años, Julia comienza a trabajar los miércoles y sábados desde la medianoche. La jornada se extiende hasta las 05:00 y durante esas horas llegan a elaborar entre 800 y 1.000 panes.

La producción no se queda únicamente en Santa Ana. Parte de estos productos llega a otros lugares del país e incluso cruza fronteras hasta Estados Unidos, llevando consigo una pequeña parte de la identidad gastronómica de esta parroquia cuencana.

Cuatro generaciones detrás del horno

En el barrio La Raya, la tradición continúa de la mano de Fausto Flores y su esposa, Eufemia Castro, quienes representan la cuarta generación de una familia dedicada a la elaboración artesanal de pan.

Su producción incluye variedades de dulce y de sal y se realiza los lunes, miércoles, viernes y sábados. Durante los fines de semana, el movimiento aumenta debido a la llegada de visitantes procedentes de Cuenca y de otras ciudades.

El precio también forma parte de la experiencia: seis panes se venden por un dólar, mientras que las porciones con mayor cantidad de quesillo tienen un valor de 50 centavos por unidad.

Pero en La Raya no solo se conserva el sabor de esta tradición. También se mantiene viva su memoria.

Hace seis años, los habitantes impulsaron la construcción del monumento al Horno de Leña, un espacio creado para reconocer y preservar la historia de las mujeres que durante décadas dedicaron sus días a esta actividad.

El lugar conserva fotografías de antiguas panaderas de la zona, entre ellas Eloísa Pacheco (1900-1991), considerada una de las representantes más antiguas de esta tradición.

Así, los hornos de Santa Ana se convierten en algo más que espacios de producción: son lugares donde se conserva parte de la historia de la parroquia.

Santa Ana también se recorre a pie

La visita a esta parroquia puede continuar más allá de sus hornos y panaderías. Santa Ana cuenta con atractivos naturales y patrimoniales que permiten combinar gastronomía, caminatas y contacto con la naturaleza.

Entre sus principales edificaciones patrimoniales se encuentran la Iglesia de Ingapirca y la Iglesia Matriz de Santa Ana, espacios que forman parte de la identidad de una población de aproximadamente 5.500 habitantes.

La agricultura, la ganadería y la producción artesanal son algunas de las principales actividades económicas de sus habitantes.

Cerro Mamá Tepal

A 1,2 kilómetros del centro parroquial se encuentra el cerro Mamá Tepal. Desde la vía principal se realiza una caminata de aproximadamente 15 minutos para llegar al sector.

El sitio ofrece opciones para practicar senderismo y también cuenta con condiciones para quienes buscan realizar actividades de acampada en un entorno natural.

Cascada Tasqui

Otra alternativa es la cascada Tasqui, ubicada en el sector de San Antonio de Trabana.

El desplazamiento desde el centro parroquial toma alrededor de 20 minutos en vehículo. Una vez en el sector, comienza una caminata de aproximadamente una hora y media.

El recorrido permite practicar senderismo y cabalgata, mientras que la llegada a la cascada ofrece la posibilidad de disfrutar de un baño en sus aguas.

Quebrada Oscura

En la comunidad El Salado se encuentra otro de los atractivos naturales de Santa Ana: la Quebrada Oscura.

El recorrido tiene aproximadamente 2,5 kilómetros y atraviesa un encañonado formado por el río Quingeo. La caminata hasta una pequeña chorrera toma cerca de 45 minutos.

El lugar cuenta además con espacios destinados al pícnic y la acampada, así como puestos de comida para los visitantes.

Para información sobre este atractivo se puede contactar al 098 902 5906.

Santa Ana, parte de las rutas turísticas rurales de Cuenca

Los atractivos de Santa Ana forman parte de una iniciativa que busca ampliar la oferta turística de Cuenca y llevar a los visitantes más allá de los espacios tradicionales del centro urbano.

La parroquia integra el proyecto “Rutas Turísticas Rurales”, impulsado por la Fundación Municipal Turismo para Cuenca, junto con San Joaquín, Tarqui, Victoria del Portete, Llacao, Baños, Sayausí, Molleturo, Sinincay y Nulti.

La propuesta busca poner en valor los recursos naturales, la gastronomía, las tradiciones, las comunidades y el patrimonio cultural de estos territorios.

Lorena Guillén, directora de la Fundación Municipal Turismo para Cuenca, explicó que el proyecto comenzó en 2024 con un proceso de identificación de atractivos y emprendimientos rurales.

“El objetivo es desconcentrar y descentralizar el turismo, generar rutas operativas para que el sector pueda vender al turista nacional e internacional y ampliar la oferta de Cuenca más allá de lo urbano”, señaló.

Una experiencia entre sabores, caminos y memoria

Santa Ana ofrece una experiencia que va más allá de una visita turística convencional. El viajero puede comenzar el recorrido con el aroma del pan recién horneado, conocer las historias de las familias que mantienen este oficio y después emprender una caminata hacia alguno de sus espacios naturales.

En sus hornos permanece una tradición que ha sobrevivido durante generaciones; en sus caminos, paisajes que invitan a caminar; y en sus comunidades, historias que ayudan a comprender la identidad rural de Cuenca.

Santa Ana es, en definitiva, un destino donde el patrimonio no solo se observa: también se prueba, se camina y se vive.

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