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“Yerbateras”: Sabiduría ancestral que florece en el corazón urbano de Cuenca

En las comunidades rurales del Ecuador, la medicina ancestral es más que un conocimiento: es un legado que se transmite de generación en generación. En estos territorios, donde las barreras geográficas y la limitada cobertura del sistema de salud formal dificultan el acceso a la atención médica, la sabiduría tradicional y el apoyo espiritual marcan la diferencia entre la sanación y el sufrimiento.

Ese saber milenario ha encontrado un espacio en el centro de Cuenca, donde un grupo de mujeres lidera el proyecto “Yerbateras”, un emprendimiento intercultural e interprovincial que reivindica el rol de las mujeres como guardianas de los conocimientos ancestrales. Ubicada en la intersección de las calles Borrero y Juan Jaramillo, esta tienda se ha consolidado como un punto de encuentro para quienes buscan alternativas naturales de bienestar.

Un proyecto de sanación y reivindicación

Johanna Cruz, promotora del proyecto, destaca que “Yerbateras” no es solo un espacio de atención, sino también un acto de resistencia cultural.
«Trabajamos con compañeras de Cañar, Saraguro, el Carmen de Jadán y Oña. Queremos devolver el valor al conocimiento de las mujeres, porque somos nosotras quienes hemos mantenido viva esta tradición», afirma Cruz.

El término “yerbatera”, que hace décadas tenía una connotación despectiva, ha sido resignificado por este colectivo de sanadoras como un símbolo de dignidad y orgullo. Tras tres años de trabajo sostenido, la tienda amplió sus servicios y formalizó su marca, registrada en el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI).

Un enfoque integral de la salud

Entre las protagonistas de este movimiento se encuentra Juana Sisalima, del Carmen de Jadán, miembro de la asociación Hatari Warmi. Desde hace 20 años, Sisalima practica la medicina ancestral, incluyendo los tradicionales baños del 5, del 12, del 30 y del 40, rituales fundamentales en la recuperación posparto. También realiza limpias energéticas con una docena de plantas medicinales, como la ruda, la Santa María y el wantuk, que, según explica, ayudan a restablecer el equilibrio del cuerpo y el espíritu.

Esther Contento, originaria de Saraguro, remarca la importancia de dar visibilidad a la medicina ancestral en espacios urbanos. «Es un desafío unirnos y fortalecer la sanación tradicional. Queremos demostrar que nuestro conocimiento tiene fundamento, validez y eficacia», sostiene.

Investigadora y escritora con más de 25 años de experiencia en saberes ancestrales, Contento explica que la medicina andina concibe la salud desde una perspectiva integral. «No tratamos solo el cuerpo físico. Sanamos los cinco cuerpos: el físico, el emocional, el mental, el energético y el espiritual. La persona es vista en su totalidad y en relación con la naturaleza», subraya.

Las enfermedades que tratan van desde dolencias físicas, como infecciones urinarias o problemas digestivos, hasta malestares energéticos que, según sus saberes, no son detectados por la medicina occidental. «El mal de ojo, el mal aire o el caído del shungo son afecciones reales que pueden ser tratadas con nuestras prácticas ancestrales», explica Contento.

Saberes ancestrales y terapias contemporáneas

Vilma Sumba, de la comunidad de Zumbahuayco en Cañar, ha integrado al proyecto su experiencia en el par biomagnético, una terapia que combina la medicina ancestral con conocimientos contemporáneos. «Aplicamos imanes para equilibrar el pH del cuerpo y tratar diferentes desequilibrios. Esta técnica fue descubierta en 1984 por el doctor Isaac Goiz, y la complementamos con la sabiduría que nuestras abuelas nos dejaron», afirma Sumba.

Formada en medicina andina en el Instituto Jatun Yachay Wasi de Riobamba, Sumba aporta una visión que fusiona lo ancestral y lo científico, fortaleciendo la propuesta integral de “Yerbateras”.

Servicios, horarios y costos accesibles

El espacio “Yerbateras” atiende de lunes a viernes de 10:00 a 19:00 y los sábados hasta las 16:00. Entre sus principales servicios destacan las limpias energéticas (USD 5), masajes con limpia (USD 10 el medio masaje y USD 20 el masaje completo), así como un paquete integral que incluye baño, limpia y masaje por USD 30.

Además, la tienda ofrece productos de higiene personal y cosmética natural, elaborados a partir de plantas medicinales. «En la ciudad hay un creciente interés por estas prácticas, y queremos que más personas se abran a otras formas de sanar y cuidarse», comenta Cruz.

Las mamas del colectivo también brindan atención los martes y sábados en los mercados de Cuenca, donde siguen fortaleciendo la conexión con la comunidad.

Medicina viva, tradición en movimiento

El proyecto “Yerbateras” representa mucho más que un servicio de medicina tradicional. Es un esfuerzo por mantener vivas prácticas que han sido invisibilizadas o subestimadas, pero que hoy resisten y florecen en medio del entorno urbano. «Aquí no solo sanamos dolencias. También tejemos comunidad, fortalecemos la identidad y honramos la memoria de nuestras ancestras», concluye Cruz.

Cinco son los cuerpos que la medicina andina considera al realizar un diagnóstico: espiritual, energético, emocional, mental y físico. En cada uno de ellos, las mamas yerbateras encuentran la clave para restablecer el equilibrio perdido y devolver la armonía al ser.

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