La muerte de Evelyn (nombre protegido), una estudiante de 13 años que se quitó la vida en un presunto contexto de acoso escolar, volvió a encender las alarmas sobre una problemática que persiste en los planteles educativos: el bullying y sus consecuencias en la salud mental de niños y adolescentes.
El caso ha generado conmoción social y abrió nuevamente el debate sobre la capacidad de las familias, docentes e instituciones para identificar señales de alerta y actuar de manera oportuna antes de que una situación de violencia escolar derive en una tragedia.
Especialistas en psicología y consejería estudiantil consultadas por El Mercurio coinciden en que el acoso escolar reiterado puede convertirse en un factor de riesgo severo cuando no existe intervención temprana, acompañamiento emocional ni redes de apoyo efectivas.
La psicóloga clínica Ana Murillo advirtió que el bullying no debe minimizarse ni considerarse un conflicto pasajero entre estudiantes.
“El bullying sostenido puede generar depresión, ansiedad, aislamiento e ideas suicidas. No son ‘cosas de niños’”, enfatizó.
Señales que muchas veces pasan desapercibidas
Según la especialista, las señales de alerta suelen aparecer de forma progresiva y, en muchos casos, no son detectadas ni en el hogar ni en las aulas.
Entre los principales síntomas mencionó tristeza persistente, irritabilidad, aislamiento social, pérdida de interés en actividades habituales, alteraciones del sueño, cambios en la alimentación, bajo rendimiento académico y desconexión emocional.
Murillo también alertó sobre el impacto creciente del ciberacoso y la exposición temprana a redes sociales, escenarios donde muchos adolescentes viven bajo presión constante.
“Existe exposición pública permanente y una búsqueda de aprobación continua. Muchos adolescentes terminan sintiendo que no encajan”, señaló.
La especialista indicó que uno de los mayores problemas es la minimización del sufrimiento emocional por parte de los adultos, quienes frecuentemente responden con frases como: “tienes que ser fuerte”, “defiéndete” o “no es para tanto”.
“A veces se cree que motivar es suficiente, pero esas respuestas pueden aumentar el aislamiento emocional del adolescente”, explicó.
Murillo subrayó además la importancia de hablar abiertamente sobre salud mental y aclaró que preguntar directamente a un joven si ha pensado en hacerse daño no provoca conductas suicidas.
“Preguntar abre espacios de escucha, apoyo y contención emocional”, sostuvo.
El rol de los DECE y los protocolos escolares
Fanny Auquilla, psicóloga clínica y exintegrante de un Departamento de Consejería Estudiantil (DECE), explicó que los protocolos educativos establecen mecanismos de actuación inmediata frente a señales de alerta.
Según detalló, cualquier docente, tutor, familiar o estudiante que detecte indicios de violencia o afectación emocional debe informar de inmediato al DECE.
“El que observa tiene la responsabilidad de compartir”, afirmó.
Una vez reportado el caso, se activa un proceso de acompañamiento psicológico con la víctima, intervención con quienes ejercen la violencia y trabajo coordinado con las familias.
Además, se elaboran informes institucionales, seguimiento psicológico y actividades grupales orientadas a fortalecer la convivencia escolar y prevenir nuevos casos.
Auquilla recordó que el bullying constante deteriora la autoestima y puede desencadenar ansiedad, retraimiento social y depresión cuando no existe atención oportuna.
“Es responsabilidad de los DECE trabajar en proyectos de autoestima y prevención para que los estudiantes aprendan a manejar emociones, resolver conflictos y decir ‘no’ cuando no se sienten cómodos”, indicó.
La especialista añadió que fortalecer el autoconcepto y la seguridad emocional en los adolescentes les permite enfrentar de mejor manera situaciones de exclusión o violencia.
El impacto emocional después de la pandemia
Las profesionales coinciden en que los efectos emocionales en niños y adolescentes se intensificaron tras la pandemia de COVID-19.
El aislamiento, el incremento del tiempo en redes sociales y las dificultades para manejar la frustración han provocado un aumento de cuadros depresivos, ansiedad y problemas de interacción social.
Murillo aseguró que actualmente observa con mayor frecuencia adolescentes con síntomas depresivos severos y dificultades para enfrentar la exclusión social.
“Es importante que los jóvenes tengan un proyecto de vida. Cuando alguien tiene un para qué, encuentra un camino y un sentido para seguir adelante”, expresó.
Investigación en curso
Tras el fallecimiento de Evelyn, el Ministerio de Educación informó que el caso continúa en investigación.
Carlos Guayas, coordinador zonal 6 de la cartera de Estado, manifestó que aún no existe una determinación oficial de responsabilidades y señaló que, de encontrarse indicios, se tomarán las acciones correspondientes.
“No hay responsabilidad del DECE o de padres de familia. Podrían ser también problemas intrafamiliares, pero sí se hicieron los abordajes correspondientes”, declaró a El Mercurio.
Mientras tanto, el Consejo Cantonal de Protección de Derechos activó medidas de acompañamiento y protección.
Sebastián Calderón, secretario ejecutivo del organismo, informó que se presentó una acción judicial para solicitar medidas cautelares y exhortó a las autoridades educativas a reforzar la atención frente al acoso escolar.
“Hacemos un llamado a las autoridades educativas para que tomen en serio los temas de acoso escolar dentro de los espacios educativos”, manifestó.
¿Qué establece la ley ecuatoriana?
El Código Orgánico Integral Penal (COIP) no contempla una sanción específica para quienes provoquen el suicidio de una persona como consecuencia directa del bullying escolar.
No obstante, sí tipifica el delito de instigación al suicidio, sancionado con penas de uno a tres años de prisión.
El artículo 154.1 establece que este delito se configura cuando una persona induce a otra a causarse daño o quitarse la vida mediante amenazas, retos, consejos, órdenes o cualquier forma de comunicación verbal, física, digital o electrónica.
Asimismo, el artículo 154.3 reconoce el acoso escolar como una contravención.
Cuando el responsable es un docente o autoridad educativa, las sanciones pueden incluir tratamiento psicológico, servicio comunitario, presentación periódica ante una autoridad e inhabilitación profesional.
En casos que involucran a estudiantes, la normativa contempla medidas socioeducativas y tratamiento especializado, priorizando la protección integral de niñas, niños y adolescentes.
Una problemática que persiste
Datos de Unicef señalan que entre el 50 % y el 70 % de estudiantes ha sufrido algún tipo de acoso escolar. Entre los factores asociados figuran la violencia intrafamiliar, la desigualdad social y la exclusión.
Frente a esta realidad, especialistas insisten en la necesidad de fortalecer espacios de diálogo, atención psicológica temprana y seguimiento constante a las señales de alerta tanto dentro como fuera de los planteles educativos.
El caso de Evelyn deja una pregunta urgente para la sociedad: ¿se está escuchando realmente a los adolescentes antes de que el silencio se convierta en tragedia?







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