Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Creatividad sin límites: Cuenca celebra el sabor de la trucha en un festival gastronómico que desborda innovación y tradición

¿Cómo se puede cocinar la trucha? Para muchos, la respuesta parece evidente: asada o frita, servida con papas, ensalada o llapingachos. Sin embargo, cuando la imaginación se combina con el amor por la cocina, las posibilidades se expanden hasta límites insospechados. Así lo demostró el Festival de la Trucha, que celebró el sábado 19 de abril su segunda edición en el tradicional parque San Sebastián, en el corazón de Cuenca.

El evento no solo fue una vitrina de los sabores típicos de las parroquias rurales del cantón, sino también una plataforma para las nuevas apuestas culinarias que nacen de la creatividad local y el deseo de revalorizar los productos del territorio.

Migüir y su revolución truchera

En la parroquia de Molleturo, la comunidad de Migüir presentó recetas tan insólitas como sabrosas. Entre las estrellas del festival estuvo el “Trucharrón”, una reinterpretación del clásico chicharrón, donde la carne de trucha se fríe hasta adquirir una textura crujiente y dorada. También destacó el ceviche de trucha, preparado únicamente con limón, en un guiño a la frescura del sushi.

Ronald Quiroz, representante de la Asociación de Emprendedores Turísticos y Afines del Sector Migüir–Cajas (Asoturim), también presentó la “papitrucha”, una curiosa combinación de papa frita con trucha que sorprendió a más de un comensal.

Ayninakuy: sabor con identidad en El Tejar

La organización Ayninakuy, cuyo nombre en quichua significa “juntos como familia”, llegó desde El Tejar con dos propuestas que fusionan culturas culinarias: la cazuela de trucha, que une ingredientes de la Costa y la Sierra con una base de maní, verde y pescado; y la pillushca, trucha cocida envuelta en hoja de achira, una preparación ancestral que rinde homenaje a las cocinas originarias.

Las chefs Tatiana Quito y Nelly Quizhpe lideraron esta propuesta, demostrando cómo la trucha puede adaptarse sin perder su esencia.

Sinincay apuesta por lo gourmet

Desde Sinincay, el joven Javier Inga trajo una versión andina del tartar de trucha, un plato inspirado en la gastronomía francesa pero elaborado con productos locales. La propuesta se ofrece en Sogas Bar Restaurante, a cinco minutos de la cabecera parroquial, y se acompaña de una cerveza artesanal elaborada con miel de abeja, cerrando así una experiencia sensorial completa.

Sayausí honra la tradición

En Sayausí, la trucha forma parte del paisaje y de la mesa diaria. Allí, el colectivo de mujeres Huasicuy preparó el tradicional “banquete de la trucha”, que incluye pescado frito, ensalada fresca, patacones, arroz y chicha artesanal. Julia Albarracín, una de sus representantes, enfatiza el valor de mantener vivas las costumbres rurales, a la vez que se genera sustento para sus familias.

Lasaña con acento venezolano

Una propuesta internacional también se robó miradas (y paladares): la lasaña de trucha. La autora de esta receta es la venezolana Diana Villarroel, quien adaptó este clásico italiano al sabor andino, acompañándolo con ensalada de col, pan de ajo y agua aromática de flor de Jamaica. Su creación fue una de las más aclamadas del evento.

Más que comida: un festival para los sentidos

El festival no solo rindió homenaje a la trucha, sino también a la cultura. Grupos de danza y música tradicional llenaron de color y ritmo la plaza San Sebastián, reviviendo melodías de Ecuador y de Latinoamérica mientras los asistentes degustaban las innovadoras propuestas.

Además, el evento contó con la participación de estudiantes de gastronomía de Cuenca, quienes presentaron sus propias versiones de platillos con trucha, demostrando que las nuevas generaciones también están comprometidas con la innovación culinaria.

Un evento con proyección

Cerca de ocho estands ofrecieron un recorrido sensorial por los sabores de Cuenca y sus parroquias. El jurado calificador premió las mejores propuestas, tanto tradicionales como vanguardistas. La expectativa ahora se traslada a agosto próximo, cuando se celebrará otro festival de la trucha en Molleturo, Migüir, en el corazón de los Cajas, para seguir impulsando el turismo gastronómico y el trabajo de los agroproductores locales.

Este festival no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma, al conectar a la comunidad con sus raíces, su entorno natural y el poder de la cocina para contar historias. Porque en Cuenca, hasta la trucha puede soñar.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *