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Fatal accidente en Cuenca reabre el debate sobre la seguridad vial y la prevención de siniestros

La trágica muerte de Ángel Jesús Quillupangui, de 63 años, atropellado mientras se encontraba en la vereda, ha reavivado el debate público sobre las causas de los accidentes de tránsito en Cuenca y la urgencia de implementar medidas efectivas de prevención.

El suceso ocurrió en la intersección de la avenida Paseo de los Cañaris y la calle Hernando León Pulla. Según información oficial, Quillupangui estaba junto a un poste de alumbrado público cuando fue embestido violentamente por un vehículo que perdió el control y se salió de la vía. Una cámara de seguridad captó el momento del impacto, en el que el cuerpo del ciudadano fue lanzado con fuerza debido a la velocidad del automóvil.

Agentes de la Empresa de Movilidad (EMOV EP) confirmaron que el conductor del vehículo involucrado dio positivo en la prueba de alcoholemia. La familia del fallecido, encabezada por su hermana Carmen Quillupangui, acudió este jueves al Complejo Judicial de Cuenca para exigir prisión preventiva para el responsable del hecho.

Este caso no es aislado. En lo que va del año, varios ciudadanos han perdido la vida o resultado gravemente heridos en accidentes similares, mientras caminaban por las veredas de la ciudad. El 7 de mayo, Mesías Brito, de 38 años, oriundo de Sígsig, fue atropellado en la avenida España, cerca de la calle Valencia. Fue trasladado en estado crítico al Hospital José Carrasco Arteaga, mientras que la conductora del vehículo fue detenida.

Otro incidente ocurrió el 16 de junio, cuando un automóvil impactó a dos estudiantes que caminaban por la vereda en el sector de las calles Galápagos y Remigio Tamariz. Karina Chima falleció a causa del siniestro, mientras que Israel Berrezueta resultó con heridas de gravedad. La comunidad educativa y familiares de las víctimas han exigido justicia y un proceso sin impunidad.

Expertos consultados coinciden en que la impericia al volante es una de las principales causas de estos eventos. Juan Cabrera, exsargento de la Policía Nacional e integrante del Servicio de Investigación de Accidentes de Tránsito, señaló que muchos conductores carecen de las habilidades, conocimientos y capacidad de reacción necesarios para operar un vehículo de forma segura.

“La impericia no solo se traduce en errores al maniobrar o uso incorrecto de las señales, sino también en la falta de respuesta ante situaciones imprevistas”, indicó Cabrera. A su juicio, se necesita una revisión profunda en los procesos de formación y evaluación para la obtención de licencias, además de una educación vial constante y controles rigurosos en las vías.

Por su parte, Andrés Calderón, instructor de manejo y director de la escuela Driving Car, resaltó la ausencia de controles efectivos en el espacio público. “El mal estacionamiento, por ejemplo, es una infracción que no se controla adecuadamente, y eso contribuye a que ocurran accidentes evitables”, dijo.

Calderón también advirtió sobre el uso del teléfono celular durante la conducción, una práctica que ha ido en aumento y que representa un riesgo grave. “Esta distracción disminuye la atención, retarda los reflejos y pone en peligro no solo al conductor, sino también a peatones y otros usuarios de la vía. Necesitamos sanciones más severas y campañas sostenidas de concientización”, subrayó.

Ante este panorama, la ciudadanía exige respuestas concretas de las autoridades. Los recientes siniestros en Cuenca no solo evidencian fallas en la conducta individual de ciertos conductores, sino también debilidades estructurales en la gestión del tránsito y la cultura vial en el país. Mientras tanto, las familias afectadas siguen esperando justicia y acciones que eviten que tragedias como estas se repitan.

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