Las aceras del Centro Histórico de Cuenca esconden un problema silencioso y persistente. Las manchas grisáceas que muchos transeúntes pasan por alto no son más que gomas de mascar arrojadas al suelo, un hábito común pero altamente contaminante. Estos residuos, aparentemente inofensivos, pueden tardar hasta cinco años en degradarse, según expertos, y durante ese tiempo liberan microplásticos y compuestos derivados del petróleo que afectan tanto al ambiente como a la fauna urbana.
Jorge Plasencia, técnico de Calidad Ambiental de la Dirección Zonal 6, advierte que el chicle, más allá de ser un desecho cotidiano, representa un riesgo ecológico. “Contiene sustancias derivadas del petróleo, por lo que no es inofensivo. Puede liberar microplásticos que contaminan el suelo y el agua”, señaló. Además, su ingesta accidental por parte de animales urbanos puede provocar intoxicaciones.
Estos residuos se adhieren firmemente al pavimento y acumulan suciedad con el paso del tiempo. Zonas como las paradas de buses, alrededores de bancas y corredores peatonales del casco antiguo son las más afectadas. Su presencia no solo afecta la estética urbana, sino que encarece considerablemente las labores de limpieza y mantenimiento.
Una limpieza compleja y costosa
Desde la Empresa Municipal de Aseo de Cuenca (EMAC), su gerente María Caridad Vázquez califica la remoción de chicles como una de las tareas más complejas del aseo urbano. “Son miles de chicles pegados al suelo. Retirarlos manualmente consume tiempo, requiere personal especializado y es costoso”, detalló.
Como respuesta, la EMAC incorporará en los próximos meses dos máquinas especializadas que eliminan los chicles mediante un sistema de vapor. Esta tecnología permitirá desprender cada goma en apenas cinco segundos sin dañar el pavimento. La inversión asciende a 15.000 dólares y su uso estará destinado inicialmente al cuadrante comprendido entre las calles Larga, Huayna Cápac, Rafael María Arízaga y Coronel Tálbot.
Jorge Plasencia remarcó que, más allá del impacto visual, el costo económico de retirar estos residuos es significativo. “Limpiarlos requiere recursos humanos y materiales considerables. Además, pueden dañar superficies como pisos de piedra o concreto, elevando el costo de mantenimiento”. Según estimaciones, mientras un chicle cuesta entre 10 y 15 centavos de dólar, su remoción puede costar hasta cinco veces más.
Malos hábitos ciudadanos
El problema de los chicles se suma a una larga lista de residuos sólidos que diariamente contaminan el espacio público. De acuerdo con la EMAC, cada día se recolectan alrededor de siete toneladas de basura solo por el barrido de calles, producto de hábitos ciudadanos inadecuados.
“Se trata de papeles, plásticos de un solo uso, vasos, envases de comida y fundas de golosinas. Son residuos que no deberían estar en la vía pública. Es urgente un cambio de comportamiento”, enfatizó Vázquez.
Para el desecho responsable de las gomas de mascar, las autoridades recomiendan envolverlas en papel y depositarlas en los basureros o contenedores para desechos sólidos. De este modo, su disposición final puede realizarse adecuadamente en el relleno sanitario, donde se garantiza una gestión ambiental segura.
Carlos Rivera, jefe de Aseo, Recolección y Reciclaje de la EMAC, informó que existe un cronograma trimestral de limpieza que da prioridad al Centro Histórico, aunque también se extiende a parroquias y otros sectores de la ciudad, según las necesidades.
Mientras las autoridades trabajan en soluciones tecnológicas para mitigar los efectos de este problema, el llamado es claro: mejorar los hábitos ciudadanos y asumir una mayor responsabilidad en el manejo de los residuos que generamos cotidianamente. Una ciudad limpia comienza con pequeñas acciones.







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