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Puertas del Sol: de residencial tradicional a polo comercial emergente

El sector Puertas del Sol, conocido históricamente por su carácter residencial, atraviesa una transformación urbana que redefine su identidad. En los últimos años, este barrio ubicado al oeste de Cuenca ha dado paso a un modelo mixto que combina viviendas y una creciente oferta comercial, marcada por la instalación de plazas y locales que han dinamizado la vida cotidiana.

Romel Zhindón, urbanista y miembro del Tribunal de Honor del Colegio de Arquitectos del Azuay, señala que este proceso de cambio inició hace aproximadamente ocho años, aunque se ha intensificado notoriamente en el último lustro. Entre los factores que impulsan esta evolución menciona el auge inmobiliario, la densificación poblacional a través de construcciones verticales, la percepción de seguridad y, sobre todo, la ubicación estratégica del sector.

“Puertas del Sol cuenta con acceso directo a vías principales como las avenidas Ordóñez Lasso y Las Américas, lo que facilita la movilidad. Además, su entorno paisajístico, con las riberas del río y los parques lineales, lo hacen atractivo tanto para vivir como para emprender”, explica.

Comercio en expansión

La expansión comercial se evidencia en la aparición de plazas como Río Plaza, Plaza 33 y Plaza Soleil, entre otras, que albergan desde restaurantes, cafeterías y heladerías, hasta servicios como farmacias, librerías, peluquerías, tiendas para mascotas y cajeros automáticos. Estas infraestructuras han sido diseñadas con estacionamientos propios y vigilancia permanente, aportando un entorno seguro y funcional.

Plaza 33, por ejemplo, acoge actualmente a 20 marcas y cuenta con un parqueadero interno para 18 vehículos y uno externo con capacidad para 60. Su administradora, Sandra Vélez, explica que la decisión de establecer el complejo comercial en esta zona fue respaldada por estudios de mercado que evidenciaron el crecimiento económico y demográfico del área. Uno de los datos relevantes: cerca del 40 % de los residentes son extranjeros, en su mayoría personas mayores que prefieren movilizarse a pie y requieren servicios accesibles en distancias cortas.

“El crecimiento vertical ha aumentado la densidad poblacional, lo que se traduce en una mayor demanda por servicios cercanos. Puertas del Sol atrae tanto a residentes como a visitantes, ya sea por esparcimiento, reuniones familiares o encuentros de trabajo”, comenta Vélez.

No obstante, subraya que uno de los principales desafíos es mantener el equilibrio con la esencia residencial del sector. “Es importante que la actividad comercial respete la tranquilidad del vecindario. La convivencia implica considerar a todos los actores del entorno”, añade.

Río Plaza, en cambio, fue una de las pioneras en este proceso. En sus dos niveles reúne 16 locales que ofrecen desde cafeterías y barberías hasta tiendas especializadas en iluminación y decoración. Su administrador, Patricio Pesantes, recuerda que la plaza surgió como respuesta a la falta de opciones en la zona. “Muchos vecinos debían desplazarse a otras zonas para algo tan sencillo como tomar un café. Río Plaza les dio una alternativa cercana, cómoda y segura”, dice.

Perfil y normativa

El perfil socioeconómico del sector ha influido de manera decisiva en la oferta comercial. Zhindón destaca que se trata de un público de estrato medio alto a alto, lo que incide en el tipo de negocios que se establecen. “El metro cuadrado de construcción supera los 1.500 dólares, lo cual limita el acceso a ciertos sectores sociales”, señala.

Desde el punto de vista normativo, Puertas del Sol permite el uso comercial del suelo, una disposición que ha favorecido el dinamismo económico, la creación de empleo y la valorización de la zona. Sin embargo, no está exenta de complicaciones: el aumento de la demanda, la congestión vehicular y la escasez de estacionamientos son algunos de los retos a atender.

Un modelo que redefine la ciudad

El modelo comercial de estas plazas dista del formato masivo de los grandes centros comerciales. Su apuesta se centra en servicios de alimentación y esparcimiento, en espacios más íntimos y acordes al contexto urbano. Para Zhindón, esta tendencia es comparable a lo que ha ocurrido en sectores como la Zona Rosa, Remigio Crespo, Calle Larga o Las Herrerías, donde lo residencial y lo comercial conviven armónicamente.

“Estamos ante un fenómeno de renovación urbana que responde a nuevas dinámicas de vida. Lo importante es gestionarlo con visión y planificación, para que el crecimiento no sacrifique la calidad de vida”, concluye el urbanista.

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